La castidad es la abstención del placer sexual o del goce carnal, como dice la academia, abstención que se realiza por motivos religiosos o morales. Para la religión católica la castidad es una virtud y la virtud de la castidad forma parte de la virtud de la templanza que es una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos sujetándolo a la razón.
En el catecismo de la iglesia católica se dice que hay 7 ofensas a la castidad: la lujuria, la masturbación, la fornicación, pornografía, prostitución, violación y homosexualidad.
Los castos suelen ser, o creen ser más espirituales, más puros y en general mejores que los no castos. Es una creencia netamente religiosa, pero no es una verdad científicamente averiguada.
Remy de Gourmont, notable escritor francés, publicó en 1903 un libro titulado “La física del amor”, una obra llena de datos y noticias y una serie de planteamientos muy interesantes y que en su momento alborotó el cotarro literario y también se discutió esta obra en los círculos científicos. En esta obra discute: “La mas singular de las aberraciones sexuales es sin duda la castidad, no porque la consideremos antinatural, si no por los pretextos a los que obedece. Las abejas, las hormigas, presentan ejemplos de castidad perfecta y al mismo tiempo de castidad utilizada, castidad social, involuntaria y congénita, el estado neutro es entre los insectos un estado físico, equivalente al estado sexual y origen de una actividad característica”.
“En los hombres suele ser un estado aparente o transitorio producido por la voluntad o exigido por la necesidad. Un estado precario tan difícil de sostener que, para conseguirlo, se rodea de toda clase de murallas morales y religiosas, y hasta reales, construidas de piedra y también de ladrillos. La castidad constante y voluntaria es casi siempre una practica religiosa. Los hombres han creído siempre que solo pueden aspirar a la perfección con esa renuncia. Parece un absurdo, y sin embargo esto es de una lógica inquebrantable,. La única manera de diferenciarse del ser animal es abstenerse de un acto al que se entregan todos los animales sin excepción. El mismo fundamento hizo concebir la abstinencia y el ayuno, pero como sin comer no se vive y sin amor si, las privaciones del estomago quedaron limitadas”.
“No es dudoso que el ascetismo de que solo es capaz el hombre, pueda colocarlo a mayor altura sobre la animalidad, pero no basta por si, aislado no sirve más que para excitar un orgullo estéril, es preciso añadir el ejercicio vigoroso de la inteligencia, falta saber si el ascetismo, privando a la sensibilidad de uno de sus alimentos más sanos y mas excitantes, el sexo, puede favorecer el ejercicio de la inteligencia”.
En un mundo como el nuestro, tan lleno de estímulo, y de estímulo que se multiplica sin cesar, la práctica de la castidad es dificilísima, por no decir imposible. La práctica de la castidad va conjuntamente con los estímulos múltiples y el general aturdimiento de las post modernidad. Y sin embargo para que la castidad sea posible, se necesita del retiramiento y la solitariedad, o por lo menos de ciertas condiciones de desestimulación y de aislamiento. Por otra parte la castidad demanda de mucho esfuerzo, perseverancia y no de escaso sufrimiento.
En la historia hay algunos personajes que si, realmente, han hecho uso fehaciente de la castidad, no como algunos que profesan tal actitud y a la vuelta de la esquina terminan llenos de hijos o de amantes. No con esto quiero decir que si esta bien o mal, no se trata de cuestionar una creencia, sin embargo, parte de una premisa que en oriente se pondría en tela de juicio, y es la evitación de lo sexual, o sea, podremos nosotros tener una vida mejor, más pura, mas espiritual si prescindimos de lo sexual, si no nos dejamos llevar por la pasión. Ese es el planteamiento fundamental. En cambio, por ejemplo, en el budismo tantra, la espiritualidad, la elevación se puede lograr con el ejercicio sexual, no evitándolo, si no ejerciéndolo. Es un planteamiento completamente diferente, que culturalmente nos es ajeno y que discuerda ampliamente con el pensamiento occidental.